lunes, 5 de abril de 2010

ocuparse de los pies

tal vez todas las horas sean la hora zeta
pasa que a veces uno no se da cuenta
no es por alguien, no, que empiezan las re y capitulaciones
es por todos
por las veces que uno hubiera querido ser espejo u ojo de los otros
-si hubiera sido manos, nos habrían acariciado mejor-,
hubiera querido ser lobo para que mamá no me encajara cofia,
frasco de compotas y este susto que conservo todavía frente a madres, habitantes de los bosques y disfraces en general
hubiera querido sobre todo una madrugada romana de abril ser vos
para que me retuvieras
o en cualquier tiempo ser un pelo del anular derecho
porque es un buen puesto de observación y se puede pasar inadvertido
hubiera querido la barrabasada de ser dios para atender mi propia oficina de colocaciones y pedidos
doblar entonces ahora mismo por florida hacia paraguay
a la deriva de los encuentros precisos y porteños
cuando todavía creía/mos en la fábula de la creación, por ejemplo;
baires no era objeto de titulares en las necrológicas del
mundo y se podía compartir el abrigo de rostros y reparos conocidos

quién me ha catapultado tan certeramente en este punto final de lejanía

-recuerdo que alguna vez borges me dijo inventando o
traduciendo a un anglosajón delirante como caballo sin pasto, o
borges equivocándose de diccionario, que a quien dios
bien quiere lo envía a tierras lejanas; pero después, lo hará volver?,
le preguntaría hoy, antes de que se me muriera o se le olvidaran página y respuesta-

la noche me cae encima a picos húmedos y tristes
prolija limo las aristas
para que no me hagan mucho daño estos hombres extraños
silenciosos o pequeños
a quienes no me preocupo por amar ni menos detestar
les palmeo el hocico como a un animal ajeno
del que no se espera la retribución de la caricia
y el vacío es tal que si lanzo una piedra, digo, yo misma
estoy segura de no oírme siquiera tocar fondo

sola y perdida en medio de interrogantes crepusculares, tifones y cerezos
sin nadie, vos, que me bese y diga buenos días
y sin embargo, ahora que la cultura de la vida me ha enseñado
el muestrario más amplio de suicidios y suicidas
no me decido por ninguno

a sabiendas que no puedo remontar el arcoiris
que carezco de un remoto mapa del tesoro
para que al menos los descubridores se lleven el gran chasco
y sólo tengo un saco de papeles viejos que no sirven para nada
aquí, lejos de la ciudad que guarda mis humores de vivir
el signo de infinito me crece sin conventos de posesas en ludún
si supieras/ que de día me anochece
que flaqueo
que después de dedicarte este velorio del solo
me dispongo, Juan, como algunos
simplemente a persistir

Tokio hora zeta, Luisa Futoransky

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